Herramientas de IA como ChatGPT, DeepL y Google Translate producen una traducción en segundos y, en los idiomas europeos más comunes, el resultado suele ser legible. Son útiles cuando solo necesita entender un texto usted mismo.
El problema es que nadie revisa el resultado. Las herramientas de IA pueden cambiar nombres y fechas, omitir líneas y traducir mal términos clave sin dejar de sonar fluidas, por lo que los errores pasan desapercibidos con facilidad.
